Gálapago leproso (Mauremys leprosa)

El galápago leproso, la tortuga autóctona de la Península Ibérica. Fotografía de Ramón García.

FOTOGRAFÍAS – VÍDEOS

El nombre del galápago leproso le viene de las algas que se desarrollan en su caparazón, que, con el paso del tiempo, terminan perforando y desprendiendo sus escamas. El fuerte y poco agradable olor que emiten cuando son manipulados, a causa del líquido que expulsan desde sus glándulas cloacales, también ha contribuido a esta denominación.

Es fácil de identificar por el color pardo oliváceo de su caparazón, ligeramente aplastado, y por la línea verde amarillenta que lo divide transversalmente en dos mitades. A los lados del cuello presenta una mancha redondeada y varias bandas amarillo anaranjadas que tienden a ser cada vez menos visibles con la edad. En el estado juvenil y subadulto también muestra manchas anaranjadas en los escudos del caparazón.

Se trata de un galápago de agua, de alimentación omnívora, que basa su dieta principalmente en renacuajos, insectos acuáticos, peces y materia vegetal.

Es una especie muy longeva pues supera en muchos casos los 20 años. Pese a contar con unos cuantos enemigos naturales, como jabalís, zorros, turones, búhos o cuervos, su caparazón protector y, sobretodo, su continuo estado de alerta para lanzarse rápidamente al agua donde pueden permanecer durante largos periodos de tiempo, les libra en numerosas ocasiones de una muerte segura.

Su presencia en el paisaje se limita a algunas grandes balsas de riego tradicionales.

 

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